martes, 31 de marzo de 2015

LA ABDUCCION DE ORLANDO FERRAUDI

“Todo esto que voy a relatarles no es un producto de mi

 imaginación, sé que no es fácil de creer pero es la más 

absoluta realidad de un hecho ocurrido hace muchos años,

 pero que, recién ahora, siento la necesidad de dar a conocer”.

Una noche de agosto de 1956, un joven de 18 años pescaba en la Costanera porteña, a orillas del Río de la Plata a las 11 de la noche. “Era una noche fría, pero sin viento”. Se podían ver claramente las estrellas. Estaba solo, muy solo, en “ese largo murallón”, concentrado en la boya, abstraído. Con la sensación de que era el “único habitante del planeta”.

Pasaron varios minutos hasta que, de repente, se sintió observado. Y, luego de un momento de confusión, pudo ver que había alguien como él, casi a su lado, muy alto y con una vestimenta extraña que irradiaba “destellos chispeantes”.
Para su sorpresa, ya sin poder controlar su voluntad, inmediatamente lo invadió la tranquilidad y segundos después comenzó a “sentir” su diálogo. “No articulaba palabra alguna”. Sacó un artefacto, “como un estuche de maquillaje”. Lo colocó sobre el borde del murallón y se hizo la luz y apareció, “de la nada”, una forma que flotaba sobre el agua: “Un plato hondo invertido de unos cincuenta metros de diámetro”.
Así cuenta Orlando Ferraudi en su libro “¿Y por qué yo?”, en detalle, la invitación de EZKA a un VIAJE INTERPLANETARIO que duró seis horas y que lo llevó a conocer respuestas y nuevos interrogantes sobre el origen de la raza humana, otras razas que habitan la Tierra y secretos sobre la Atlántida, la vida submarina en el Golfo de México y velocidades que superan a la conocida por el hombre.


EN LA NAVE

Sin poder controlar su voluntad, Orlando entró al Objeto Volador que flotaba sobre el agua y, para su sorpresa, fue recibido por una nena, entre sonrisas, que hablaba como él ( no usaba telepatía, los seres extraterrestres sí). Se llamaba Elena y era humana. Una chica de 11 años de Villa Mercedes, San Luis, que también había sido abducida, pero en la terraza de su casa. “Quedate tranquilo que no te van a hacer nada”, le dijo a Orlando, que no podía salir de su asombro.
El espacio interior era circular, abovedado, sin aristas. La luz salía de las paredes, no había un centro de iluminación. “El aire parecía luminoso”. La nave tenía 9 tripulantes. Cinco varones y cuatro mujeres. El comandante, el que lo invitó a subir en la Costanera, como lo describió Orlando, era muy rubio, con el pelo cortado al ras, piel muy blanca, atlético, con ojos color miel(según los especialistas, el clásico ser conocido como “Adamskiano”).
Le pidieron que se sacara la ropa. Pero antes entró al habitáculo una mujer, atlética, rubia, alta, con un traje enterizo similar al de los seres masculinos. Se llevó a Elena de la habitación. Orlando se quedó en calzoncillos y medias. Pero le ordenaron que se quitara todo porque su indumentaria estaba “contaminada” con bacterias y virus terrestres. La ropa fue “esterilizada” y Orlando debió vestir un “mono”: una pieza única que tenía solo un orificio para la cabeza (y era de unos 30 centímetros, que después se estiró hasta su talla perfecta).

“EL SOL ES NEGRO”

Minutos más tarde arrancó el viaje.  Según le explicaron (telepáticamente) primero por debajo del agua, a través de la Bahía de San Borombón (al sur de Buenos Aires) hacia la costa uruguaya y posteriormente cruzando el Océano Atlántico, en dirección al continente africano, desde donde subirían al espacio.
El punto de mando, siempre de acuerdo al relato de Orlando, estaba repleto de pantallas y ventanas. Nueve seres trabajaban en toda la nave. Era la tripulación entera. Sin sentir el movimiento, le indicaron que mirara a las pantallas y pudo ver cómo se alejaba la Tierra. Luego pasaron por la órbita de la Luna. Luego le pidieron, en su mente, que mirara al Sol. “EL SOL ES NEGRO”, dice Orlando. Los especialistas le dicen que seguramente lo vio a través de algún filtro especial.
En ese momento le indicaron que volvían a la Tierra. La velocidad fue tan grande que pensó que se estrellarían. “Gracias a los campos que usamos el riesgo no existe”, le dijeron. “No deben preocuparse, cuando estemos cerca, vamos a formar un campo con la Tierra y no vamos a colisionar con ella”, le detallaron.  (Especialistas dicen que puede que utilicen el campo magnético de la Tierra, invirtiendo la polaridad, amortiguando también, de alguna manera, la inercia del OVNI).

VIDA ACUÁTICA

Entraron a la atmósfera a toda velocidad, cuenta Orlando. Se sumergieron en el mar, en la zona del Caribe. Y la sorpresa llegó cuando pudo ver una gran cúpula transparente (de unas cinco o seis hectáreas) con varias naves estacionadas. “Es una estación de mantenimiento”, le dijeron en su mente. Entraron por un túnel y les dijeron que ya los devolverían pero que tendrían que someterlos a EXÁMENES FÍSICOS.
A él y a la nena, Elena, los llevan a otro habitáculo, con dos camillas. Le dieron de tomar un líquido espeso (como la miel, dice) y unos comprimidos (“huevos de distintos colores”). Los advirtieron de un sueño por venir y los recostaron. Les colocaron un instrumento con forma de “U”, cuenta Orlando. Muchas luces de colores y un sueño que no sabe cuánto duró.
Entonces los despertaron, los separaron en distintas habitaciones. A Orlando le dijeron que estaba perfectamente y que trabajaron en su glándula Pineal.
Asegura que le dijeron esto:

“Ustedes nos van a ser útiles en el futuro, porque esta glándula es la única herencia nuestra que ha quedado aquí. Ya que de las cinco razas que pueblan este planeta, ninguna es propia de la Tierra; solo son restos de civilizaciones de otros planetas. La Tierra hace mucho tiempo solo se conocía por ser el zoológico del Sistema Solar. Las razas que hoy existen han sufrido mutaciones genéticas por sus propias culpas, pero lo que les queda de lo que fueron, es la glándula Pineal. Por eso, a ustedes les reactivaremos esta glándula, porque así cuando nosotros pensemos ustedes al instante sentirán una especie de zumbido dentro de su cabeza” (WOW).

La historia tiene muchos más datos. Orlando preguntó y le contestaron todo. Le mostraron el motor de la nave. “La nave se desliza por un campo de fuerza, utilizando tres energías: Cósmica, Solar y Magnética. Con las tres o con una sola de ellas podemos movilizarnos por el espacio”, le dijeron.

LA AMENAZA Y EL FINAL

LE MOSTRARON UN ARMA. Otra vez con esa pequeña polvera, o estuche de maquillaje, que aparentemente tiene varios usos. Le dicen que mire a través de una ventanilla de la nave un pequeño objeto en forma de cubo en el exterior. El extraterrestre apunta su instrumento hacia el objetivo y este desaparece.  “Esto es energía pura. Cuando encuentra su objetivo, lo desintegra por completo, no quedando absolutamente nada: ni humo, ni olor, esta arma disocia todo lo que toca. Queremos que ustedes conozcan este poder que es el que usaremos, muy a pesar nuestro, si llegaran a poner en peligro la armonía estelar”.
Y así se despertó. En el mismo lugar en el que había sido abducido, en pleno amanecer. Había “perdido” seis horas. Seis horas que fueron un viaje imposible, increíble, que hasta el día de hoy lo tiene marcado. Orlando estuvo años buscando a Elena por distintas provincias y nunca pudo dar con ella. En su caso no hay fotos, no hay videos, no hay registro más que el de su propio relato. El de un CONTACTADO. Y ahora cuenta todo en  su libro. Esa es su historia.
Según relatan los sitios especializados en Ufología, Orlando fue tratado con hipnosis por médicos del equipo de ONIFE (Organización Nacional de Investigación de Fenómenos Espaciales), dirigido por Fabio Zerpa. En todos los casos repitió la misma historia.  

ESTE ARTICULO FUE PUBLICADO EN UNA 
SECCION DE TN el 20 de MARZO de este año

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