sábado, 28 de marzo de 2015

ANGELES DE CUATRO PATAS

Estas dos historias llegan a mi vida con años de diferencia, pero ambas me
ayudan a comprender cada día más el estrecho vínculo que liga a los perros 
con nuestras emociones y sobre todo con nuestra necesidad de protección o 
consuelo. Muchas veces vamos por la vida sin ser demasiado conscientes de 
nuestro temor, pero ellos sin duda saben descifrar cada estado anímico en 
un amplísimo lenguaje sin necesidad de palabras. 
En agosto del 2014  trasciende el caso de KARINA CHIKITOVA una niña
de 3 años de edad, perdida en el bosque siberiano quien fue encontrada tras
11 días de búsqueda gracias a la ayuda de su perro. No tenemos noción que en un 
medio rural de clima hostil el cuidado de un perro puede significar la diferencia 
entre la vida y la muerte. En este caso el perrito no sólo la protegió de otros 
predadores, como lobos y osos, sino que le dió su calor y compañía en todo 
momento. Siguiendo el rastro de su olfato, se une al equipo de rescatistas y los 
guía hacia donde se encontraba KARINA, algo asustada pero ilesa.


Conocí de boca de la protagonista de esta historia un relato similar, cuando ella
 tenía apenas 2 años de edad, era una de las tantas hijas de una familia en 
extremo pobre y cruel con sus hijos y tal vez huyendo de otro maltrato,
se pierde en el monte chaqueño de Argentina.
Quien conozca la aridez y el calor extremo del Chaco sabe que sobrevivir sin
agua, comida y con escasos 2 años y 9 kg. de peso debido al avanzado estado
de desnutrición, puede considerarse un verdadero milagro.
Los pumas, gatos monteses y algunas variedades de chanchos salvajes no
facilitan la experiencia de salir del "Impenetrable". En ese tiempo, hace
20 años la tala no había hecho sus estragos y el monte era bastante tupido. 


Para los mismos vaqueanos es difícil orientarse. Pero al poco tiempo de 
perderse esta nena, un perrito aparece entre la espesura y la acompaña, 
la guía por senderos seguros y hace de sostén de los débiles pasitos de esta nena 
que sólo recuerda dormirse abrazando a este perrito.


En ningún momento la deja sola, siempre la reconforta con su paso alegre,
en una silenciosa compañía durante el día y con su calor y la vigilia alerta
durante las largas noches. Así transcurren dos semanas hasta que logran
llegar a un claro en donde un hombre y una mujer finalmente la encuentran.
El perrito entendió tal vez que su misión estaba cumplida, porque cuando
la nena lo llama e intenta buscarlo, éste se desvanece en la espesura sin más.

Otra historia ubica a una mujer en una estación de micros en un lugar 
bastante inhóspito y cerca de la medianoche. Como era invierno no había
nadie en la calle, ni comercios abiertos, las escasas luces sólo alumbraban 
esta precaria parada de micros situada en una especie de parque.
El temor y la angustia crecen en esa larga espera de dos horas.
Como si se tratase de un pedido de ayuda recibido, dos perros grandes que 
deambulaban por la calle, se acercan a la mujer. Ella por costumbre
les ofrece alguna galletita, pero ambos las huelen y las dejan en el suelo.
No buscaban comida, simplemente tenían que estar allí.
Ambos se miran y en este lenguaje sin palabras se echan sobre la 
vereda uno a cada lado de la mujer que esperaba el micro.


Se echan con la calma de saber que están seguros y sólo interrumpen ese
ligero sueño para ladrar a quien se animara a pasar por esa esquina oscura. 
Así transcurren las dos horas y cuando escuchan acercarse al micro, se despiden 
moviendo sus colas y sin más se van, vaya a saber dónde. 

PERROS, NO IMPORTAN LAS RAZAS, 
ANGELES DE CUATRO PATAS



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