domingo, 7 de junio de 2015

JUAN EL ROJO

Entre las prácticas o hechizos atribuídos a la Brujería, se destacan la de utilizar 
un muñeco parecido a la persona a la que se quiere dañar o causar la muerte.
 Tal vez contenga algunos elementos como cabellos,  clavos o cualquier cosa
 que le inflija algún daño. Hoy lo llamaríamos Magia por semejanza, lo que se 
le hace al muñeco lo sentiría la persona y todavía prevalece por que la
sola visión de esos muñecos produce al menos miedo cuando no espanto.
Si la persona sabe o sospecha de esa práctica queda especialmente
vulnerada y se sugestiona. A veces los desenlaces pueden ser graves.
Y pongo esta imagen no por desacreditarlo, sino porque todavía 
esta práctica me sigue produciendo un gran rechazo.

Las personas que invocan entidades o supuestas fuerzas del mal
las atraen a su vida, ningún acto intencional de dañar a alguien
empieza y termina en el muñeco. A partir del momento en que se
  conjuran ciertas energías, ellas quedan suspendidas o pegadas
a la persona que las invoca y a su familia. Es siempre así. 

Tanto para el hechicero, como para el que paga el trabajo.
porque no tiene el coraje o el conocimiento para hacerlo.
Pactos son Pactos y sea cual fuere la entidad que se invoca, 
habrá que "pagar", al igual que lo hizo el "cliente".

 Antes de morir en la hoguera un campesino conocido como
Juan el Rojo  - también referido por Paracelso-, 
 declaró frente a los jueces que construía figuras humanas
de cera para hacer morir al individuo que le encargaran.

Para ello utilizaba cera virgen, elementos sagrados y hacía una
especie de ritual en determinados días y horas según los Astros.

A veces la intención no era la muerte pero si provocar la 
enfermedad y el daño, para ello se concentraba mentalmente 
mientras hacía invocaciones y derretía la figura lentamente.

 Dada la antigüedad del relato no se sabe a ciencia cierta si
causó daño a sus víctimas, pero Juan realmente invocó fuerzas
de destrucción que lo consumieron en la hoguera en 1314. 

Con este texto breve queda claro que la responsabilidad
recae sobre el "invocador" y sobre aquellos "clientes"
que no tardaron en confesar sus encargos, corriendo
junto a Juan el Rojo, la misma "Suerte". 

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