domingo, 19 de abril de 2015

LA DAMA DE BLANCO II



El Cementerio de la Recoleta pese a su función es asiduamente visitado 
por artistas, escultores, ingenieros, arquitectos e historiadores. La belleza de 
sus esculturas al aire libre, el trazado de sus calles, sus vitreaux y sus mitos 
ejercen una extraña fascinación en turistas locales y de todo el mundo. 
Sus historias se remontan a su período de mayor expansión en 1870 con 
la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires, desde entonces 
la urbanización lo ha rodeado de plazas, cafés, restaurantes, puestos 
museos, y sitios en donde se reúnen artistas de todos los rubros 
a aportarle 
al lugar una 
mística que diluye el dolor de la muerte física 
durante varias horas. 
La Iglesia de Ntra. Sra. del Pilar 
aledaña a él 
también congrega a cientos de 
fieles cada fin de semana, siendo un lugar
 elegido para bautismos y bodas. 
En este espacio delimitado por un portón de la mejor herrería conviven
a cierta distancia dos mundos en armonía y respeto, pero a veces estos límite
se diluyen en historias que reúnen a dos seres de ambos mundos.
Tal es el caso de otra mujer también conocida como La Dama de Blanco.


La Dama de Blanco se llamaba en realidad RUFINA CAMBACERES, única
hija de un polémico escritor argentino Eugenio Cambaceres, que en muchas de
sus obras puso al desnudo las hipocresías de la alta sociedad de finales de 1800.
El mismo Eugenio había sido muy cuestionado por su familia al casarse con la
bailarina italiana Luisa Baccichi, alguien que no se correspondía con su status.
Pero Eugenio defiende su amor, consolidan su familia con el nacimiento de
RUFINA y siendo ella apenas una adolescente, Eugenio muere. 
Madre e hija quedan con una buena situación económica pero con una
relación algo distante, Rufina se había convertido con los años en una hermosa
mujer muy discreta e introvertida, manteniendo una relación en secreto.
A fines de mayo de 1902 el día en que Rufina cumpliría 19 años, mientras
preparaba el atuendo con el que se encontraría con su novio y su madre para
asistir a una velada en el Teatro Colón, recibe una impactante noticia.
Una amiga le revela la identidad del novio de su madre, era el mismo hombre.
Trasciende en esta historia que este hombre en común fue 
Hipólito Irigoyen el futuro presidente argentino. 

La noticia aparentemente le provoca un infarto que es corroborado por

un médico que labra el acta de defunción. La noticia se hace pública.




Al día siguiente Luisa e Hipólito la sepultan en el cementerio de la Recoleta y a 

 pocos días el cuidador de la bóveda les revela que algo horroroso había pasado.

El ataúd de Rufina estaba abierto, la tapa rota y la joven tirada en el suelo.

El hecho trascendió como un robo, pero otras versiones aseguran que tanto la

tapa del ataúd como su rostro estaban arañados, haciendo suponer que la 

joven había sido enterrada viva. Después de estos sucesos la madre decide
construirle un monumento funerario en la que la joven está fuera de la cripta



 Dicen que nos vamos con las emociones que teníamos minutos antes de morir.
En esta creencia se apoya la leyenda del deambular de Rufina y  sus
encuentros casuales con jóvenes solos. La versión más conocida es que ella
conoce a un joven en una tarde fría y que al verla temblar él le presta su saco,
 van a tomar un café, ella le dice su nombre y charlan durante horas. 

 Al oscurecer Rufina se impacienta quiere irse y al hacerlo tira la taza 
manchando el saco con café y se disculpa. Sin darle importancia alguna él
 la 
acompaña
 hasta su casa y quedan 
para verse al día siguiente. Pero cuando
 el 
muchacho llama a la puerta y 
habla con su madre, ella le dice que

ha muerto y que su cuerpo está en la bóveda familiar de la Recoleta. 
Conmocionado el joven no puede creerlo, hasta que la madre de Rufina lo
lleva hasta el sepulcro en donde estaba el saco del joven con la mancha de café.
Algunas versiones aseguran que el joven enloqueció, otras van mas lejos. 




Leyenda o realidad, la esquina de Vicente López y Azcuénaga era tabú para
los jóvenes de aquella época. La historia de la Dama de Blanco inspiró a un
brillante poeta, actor, director y guionista argentino Enrique S. Discépolo quien
la llevó al cine en 1942 con el título FANTASMAS DE BUENOS AIRES.


Tanto él como otro actor de esa época Arturo García Buhr juraban haberla conocido.




Otro director argentino Carlos Hugo Christensen también inspirado en la misma
historia dirige otra película llamada HA ENTRADO UNA MUJER en 1950 
Espero sinceramente que Rufina finalmente se haya liberado del dolor.



Poema a la Joven y Bella Rufina 

Qué misterio encierra tu muerte, Rufina? 
muchachita frágil, de sutil belleza, 
tu mano no quiere abrir esa puerta 
donde está guardada toda tu tristeza. 
Quién pudo causar semejante dolor? 
quién pudo robar tus sueños de amor? 
Quisiera gritarte: Rufina despierta!.. 
Qué secretos guardas detrás de esa puerta? 

(Susana Espósito) 




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