jueves, 21 de mayo de 2015

LA F A M A

Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar. 
Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.
Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.
Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.
Haber conversado en Palermo con un viejo asesino. 



Agradecer el ajedrez y el jazmín, los tigres y el hexámetro.
Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.
Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica.
Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.
No ser codicioso de islas. 

No haber salido de mi biblioteca.
Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.
Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.
Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine.
Haber urdido algún endecasílabo.
Haber vuelto a contar antiguas historias.
Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.
Haber eludido sobornos. 
Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y 
(como todos los hombres) de Roma. 
Ser devoto de Conrad. 
Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino


Ser ciego.
Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara 
una fama que no acabo de comprender.

 

JORGE LUIS BORGES   La cifra (1981)

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