domingo, 24 de mayo de 2015

1542, CONLAPAYARA: Las AMAZONAS

No tenía mala cara la batalla, hoy, día de San Juan. Desde los 
bergantines, los hombres de Francisco de Orellana estaban 
vaciando de enemigos, a ráfagas de arcabuz y de ballesta, las 
blancas canoas venidas de la costa.


Pero peló los dientes la bruja. Aparecieron las mujeres guerreras,
tan bellas y feroces que eran un escándalo, y entonces las canoas 
cubrieron el río y los navíos salieron disparados, río arriba, como
puerco espines asustados, erizados de flechas de proa a popa y hasta 
en el palo mayor.

Las capitanas pelearon riendo. Se pusieron al frente de los 
hombres, hembras de mucho garbo y trapío, y ya no hubo miedo
en la aldea de Conlapayara. Pelearon riendo y danzando y 
cantando, las tetas vibrantes al aire, hasta que los españoles se 
perdieron más allá de la boca del río Tapajós, exhaustos de tanto 
esfuerzo y asombro.


Habían oído hablar de estas mujeres y ahora creen. Ellas viven al sur, 
en señoríos sin hombres, donde ahogan a los hijos que nacen varones.
Cuando el cuerpo pide, dan guerra a las tribus de la costa
y les arrancan prisioneros. Los devuelven a la mañana siguiente. 

Al cabo de una noche de amor, el que ha llegado muchacho 
regresa viejo.


Orellana y sus soldados continuarán recorriendo el río más caudaloso 
del mundo y saldrán a la mar sin piloto, ni brújula, ni carta de
navegación. Viajan en los dos bergantines que ellos han construido
o inventado a golpes de hacha, en plena selva, haciendo clavos
y bisagras con las herraduras de los caballos muertos y soplando
el carbón con borceguíes 


convertidos en fuelles. Se dejan ir al garete por el río de las 
Amazonas, costeando selva, sin energías para el remo, y van 
musitando oraciones:
ruegan a Dios que sean machos, por muchos que sean, 
los próximos enemigos.



                                                             
MUJERES
Eduardo Germán María Hughes GALEANO 

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