jueves, 26 de enero de 2017

Entidades no evolucionadas

Salvador Freixedo describe en su libro Los Contactados un
tipo de entidad muy conocida de inteligencia rudimentaria.

Aún así son capaces de trascender a nuestro "mundo"
a través de manifestaciones físicas y hacer cosas que
los humanos no podríamos hacer. Quienes las han visto
aseguran que en el plano físico pueden presentarse como
esferas de luz, figuras informes o amebas y causar miedo.


Quienes están familiarizados con la práctica de 
invocaciones o el uso de ouija seguramente las 
conocen y las describen en detalle.

Freixedo las cita como "elementales", "entidades
del bajo astral", "cascarones", "larvas". etc. 
dependiendo de las creencias o de las escuelas
de pensamiento que las han estudiado.

Según su pensamiento de la misma manera que 
los ojos no pueden percibir una sinfonía o que los
oídos no pueden captar una puesta de sol, nuestro
sentido no tienen la capacidad para discernir con
claridad este tipo de manifestaciones, entonces
limitados por la conciencia los relatos siempre
distorsionan estas experiencias.

Y es que el que ha experimentado este encuentro
lo describe como puede con la limitación de sus
sentidos, aunque también hay otros que han
sabido manipular estas percepciones,
para atribuirse un poder que no tiene.


En general podría decirse que para el experimentado
estas manifestaciones son inocuas aunque a veces
pueden comportarse como juguetonas o perturbadoras
para el inexperto que irresponsablemente las invoca.

Allá ellas en su mundo no es aconsejable invocarlas
aunque a veces no se requiere de invocación para
que se presenten.

Parece ser que ellas tienen la cualidad de captar
las bajas vibraciones que emitimos, ya que si
estamos desanimados, furiosos o desesperados
las atraemos como si se tratara de parásitos.

De la misma manera que si estamos debilitados
seremos propensos a contraer una infección.

En cambio;
si nuestra mente busca el esclarecimiento y
cierto orden de pensamiento, es decir si
podemos reponernos a un estado vulnerable y
vibramos alto, probablemente nunca sabremos
de su existencia.  

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