domingo, 18 de octubre de 2015

EL MUNDO


Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, 
pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, 
la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.


-El mundo es eso -reveló- a un montón de gente, 
un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos 
y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que 
ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena 
el aire de chispas. 

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero 
otros arden la vida con tanta pasión que no se puede 
mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.


EDUARDO GALEANO 

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