miércoles, 28 de septiembre de 2016

LOS CUMPLEAÑOS

Esto de los años yo no lo entiendo
que aunque es bueno cumplirlos,
no es bueno tenerlos

FRANCISCO de ROJAS ZORRILLA

LOS CUMPLEAÑOS

Lo único peor que tener años es cumplirlos.
Despues de los doce, el día de los cumpleaños es un buen momento para morirse.
Después de los cuarenta, es una buena ocasión, también para realizar otras actividades como:

a) Reflexionar sobre la edad de la nueva mujer de nuestro ex
Cuando nos separamos apostamos a que nuestro ex se convertiría en un despojo humano
y en algún lugar del corazoncito nos reconfortó verlo deambular por la vida, sucio, barbudo
y con un par de vicios adquiridos. 
Este hombre prolijo, arrogante y suficiente hasta la exasperación se convirtió de la noche a la mañana en una especie de hombre sándwich con sendos carteles en los que podía leerse    
"sin ella soy este ser abyecto, desolado y roñoso", y nosotras nos sentimos felices porque confirmamos lo que siempre habíamos sospechado: que sin nosotras no podía vivir.

Pero un día sucede lo insólito: se endereza sobre sus patas traseras y consigue una novia diez años menos que nosotras 9



9 Diferencia promedio. Para calcular con exactitud la diferencia de edad de la nueva novia
(Denn) debe aplicarse la fórmula de Viver según la cual Denn = (EhM/Deex) + 1, tal que EhM es la edad del hijo mayor y Deex es la diferencia de edad con la ex mujer

Que el primate se convierta en un bombón nos da un poco de odio, pero pasa.
Que su vida sea más exitosa, glamorosa y luminosa que lo que nunca fue con nosotras nos despierta leves instintos asesinos, pero pasa.
Que la novia sea más joven nos provoca un ambiguo sentimiento por un lado, nos queremos matar. Pero por otro lado, la queremos matar a ella. 

¿ Hubiéramos deseado que la nueva fuera más vieja, fea, gorda, fracasada y petisa que nosotras ? La verdad es que no. Con todo lo que nos revienta que la nueva de nuestro ex tenga todos esos años y kilos de menos, por lo menos nos permite preservar el parámetro, algo así como "dime a quién elige y te diré quien soy".

b) Mirar con la ñata contra el vidrio a los amigos de nuestros hijos, esos jovencitos que podrían ser nuestros en un sentido bíblico y sórdidamente verdoso que nada tiene que ver con la energía maternal.

Es un hecho científicamente probado que las hormonas (o lo que sea responsable de ese cosquilleo) no envejecen al mismo ritmo que nosotras. Los años pasan, pero los chicos de 20 años quedan y cuando los miramos nos resultan tan apetecibles como cuando teníamos doce, y mucho mas viables que entonces.
Lamentablemente, en el momento en que podríamos pasarlo bien y, además, enseñarles un par de cosas, ellos -indefectiblemente- eligen mujeres menores que nosotras.

c) Notar que a nuestro alrededor hay un montón de gente con menos años que nosotras.
En algún momento fuimos las menores en el trabajo, en la escuela y en el club. Y eso nos gustaba. La precocidad nos daba un plus de inteligencia o destreza. ("tan chiquita y mirá...")
que nos hacía sentir bien.
Pero nada es para siempre. Y en esto también nos pasó como en la vida: en el minuto siguiente a nuestro nacimiento, nomás, el mundo estaba lleno de bebés menores que nosotras.
Habíamos imaginado que la marca de la vejez sería tan convincente y rotunda como la de la Bestia del Apocalipsis: un jinete negro cabalgaría hacia nosotras agitando el memorándum de jubilación en su mano cadavérica.
Pero lo irremediable -aprendimos- es mucho más sutil, irreversible y feroz. La señal de la decrepitud encarnada en esa compañera de oficina que nos trata respetuosamente 
"de usted", como quien libera un rayo.
Un día miramos alrededor y nos damos cuenta de que somos las más viejas.
En el mejor de los casos, la vejez viene acompañada de cierta jerarquía (logramos ser las subjefas del grupo de cadetes, por ejemplo), pero a veces ni siquiera eso.
Simplemente languidecemos en la medianía.

d) Verificar que las personas de nuestra edad están destrozadas.

Estaba por cruzar la calle cuando me interceptó una anciana tan arrugada que -recuerdo- pensé: "parece una tortuga de la Isla Galápagos". Yo apurada porque esa noche tenía una cita con un compañerro de trabajo apenas un par de años menor que yo, pero creí que esa mujer necesitaba ayuda para cruzar la calle y me detuve. De pronto la anciana empezó a decirme que nos conocíamos....Pensé que era una confusión típica de las personas mayores. Traté de explicarle, pero ella se rió -juro que en ese momento cada una de sus tres papadas tembló con movimiento independiente- y se presentó, era F., mi compañera de banco en la primaria. Dijo que estábamos igualitas. Ese día suspendí mi cita y desde entonces no puedo salir de casa.

Catatónica de Palermo

La imagen que tenemos de nuestro cuerpo no tiene nada que ver con el cuerpo real.
Esta percepción es variable, y gracias a ella algunos días nos sentimos unas diosas y otros días nos sentimos unas focas.
El estado de ánimo adecuado, una falla en la sinapsis, un exceso de optimismo o un defecto en las dioptrías pueden convencernos de que estamos fantásticas sin importar qué opinen al respecto los espejos.
Podríamos seguir así, narcotizadas en el espejismo del esquema corporal, si no existieran las otras. Todas esas mujeres que tienen la misma edad que nosotras y que están para demolición.  

e) Suponer que nosotras estamos igual que ellos

El nunca se había cuidado. Recordé la cantidad de alfajores que comía en los recreos, lo pésima que era en la clase de gimnasia. Me aferré a una esperanza: tal vez no tenía mi edad. Nunca había sido demasiado inteligente y quizá había repetido siete veces primer grado. Negué, negué y volví a negar, hasta que me rendí a la evidencia.

Catatónica y consternada de Palermo II

Que las mujeres tengamos que cumplir años es una crueldad cósmica, una broma pesada 
de la física que se rige según la segunda ley de gravitación de Newton:

Cuando se aplica una fuerza (años) a un objeto (mujer que no desea cumplirlos) se acelera 
(el lapso que media entre los cumpleaños) en la dirección de la fuerza. La aceleración es directamente proporcional a la intensidad de la fuerza e inversamente proporcional a la
masa a mover (deseo de la cumpleañera):

Frecuencia entre cumpleaños =  Años a cumplir
                                                                       Deseo de cumplirlos

Y dado que en la maujer se da que el deseo de cumplir años disminuye de manera constante a partir de los 20, vemos que la frecuencia entre cumpleaños se incrementa en relación directa a 
los años cumplidos.


En otras palabras: cada año pasa más rápido que el anterior, y para cuando terminamos de lavar los platos de la fiesta de cuarenta ya están llegando los invitados a la de cincuenta.
En teoría, bastaría con que una mujer no se resistiera a cumplir años para que el fenómeno de la aceleración no se produjera 10. Pero ¿ quién puede resignarse a sumar manchas, arrugas, desarreglos hormonales, flaccideces y osteoporosis ? ¿ Quién puede aceptar las lagunas mentales y las otras, producto de la incontinencia, sin por lo menos protestar?
Como dicen los miembros de la agrupación Living the Lifting, "la experiencia de vida no compensa los años que hay que vivir para lograrla".



10 De ahí el refrán popular "No te resistas que es peor" N. de la A.


De LA MAQUINA DE SUFRIR 

de LILIANA ESCLIAR

EDITORIAL SUDAMERICANA BUENOS AIRES.


UNA OBRA QUE NO PUEDE FALTAR EN TU BOTIQUIN, TU MESITA DE LUZ,
TU CARTERA O TU HELADERA. 

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