martes, 27 de septiembre de 2016

Un CUENTO para recordar

De la calle Corrientes que en realidad es una Avenida se dice que
es la calle que nunca duerme. Por ahí deambulamos en las noches
muchos porteños y gente de todo el mundo que gusta de los buenos
libros. Y los hay para todos los bolsillos y para todos los gustos.
De una de esas compras recuerdo solamente la tapa de un librito
era fucsia y decía FANTASIA, eso y el 3 x 1 hizo que me sentara
al rato en un café a leerlo. Era un libro de cuentos de ficción.
Recuerdo uno en particular, pero no el nombre ni el autor.


El cuento trataba de la espera en un andén. La protagonista
era una joven y hermosa mujer casadera, de hecho ella 
estaba viajando hacia la casa de su novio, pero tenía que
hacer un transbordo, por tanto estaba forzada 
a esperar en esa sala hasta la llegada del próximo tren.

¿ Que cara tendría ? supongo que algo así. Mientras ella
pensaba en este tránsito las ideas sobre la vida que le
esperaban la hacían sonreir. Muy acicalada y perfumada
esta damita jugueteaba intranquila con su sortija mientras
esperaba y observaba a quienes también esperaban al tren.


A medida que transcurrían las horas tuvo que soportar
el mal trato del boletero quien dudaba de la llegada a 
término del tren, del dueño de un café que adrede quemó
un sandwich que ella pidió. Mientras más esperaba mayor
era su certeza de que aquel tren no vendría.

La sola idea de quedarse en la estación la aterraba.


¿ Cómo seguiría esta historia que a esta altura se tornaba
tan inquietante ? Ella trataba denodadamente de no perder
su cordura porque sabía que nadie, absolutamente nadie
de aquellos indeseables compañeros de viaje la podría ayudar.
No era la intención, entonces empezó a escuchar.

Relatos de amputaciones, de heridas, de madres que
cargaban a sus bebés enfermos y para su horror todos
en ese andén tenían alguna marca.

Sin entrar en el mundo de la razón pero si en el de la
magia supo que tendría que ir al baño, quitarse la hermosa
sortija y respirar hondo. Sacando una pequeña navaja de su 
cartera hirió su piel en un lugar visible (la mano o la muñeca)

Sin entrar en ningún razonamiento posible envolvió
su herida con un pañuelo blanco, pero la sangre quedó
expuesta, esto produjo ciertas risas y sórdidos gestos
de aprobación ......y el tren, el tan ansiado tren 
finalmente llegó.


No hay comentarios:

Publicar un comentario