martes, 25 de julio de 2017

Facundo y los Capiangos

¿ Cómo habrá sido la verdadera historia de Facundo Quiroga ?
Lo que hoy conocemos del llamado "Tigre de los Llanos"
es mayormente la calumnia y la crítica implacable de
sus enemigos. Las más dura sin duda sale de la
 pluma de Sarmiento con su Facundo Civilización o
Barbarie en las pampas argentinas escrita en 1845.
Pero lo cierto es que ellos sin quererlo
han contribuído a inmortalizar a este Caudillo.


De Facundo (1788-1835) se cuentan muchas cosas,
que nunca dormía, que adivinaba el pensamiento,
que en realidad sigue vivo y que lo secundaban
en sus batallas unas huestes infernales
"los capiangos" seres sobrenaturales que
podían transformarse en tigres. Su gente lo
admiraba y esperaba durante días en algún lugar 
inhóspito tan sólo para verlo pasar, fiero y veloz
como ninguno montado en su Moro.

De su caballo también se decía que tenía el don
de profetizar sus victorias o anticipar sus derrotas
En dos oportunidades no se dejó montar por el 
Caudillo en el desastre de La Tablada y en el
fatídico día en que lo asesinan en Barranca Yaco.


Claro que desde Buenos Aires estos relatos eran 
atribuídos a la ignorancia de la paisanada.
Pero lo cierto es que muchos de sus enemigos
desertaban aterrados para no ser atacados
por la noche por Facundo y sus Capiangos.

Así lo recordaba el General Paz en sus Memorias

   
 "...Quiroga era tenido por un hombre inspirado; tenía espíritus familiares que penetraban en todas partes y obedecían sus mandatos; tenía un célebre caballo moro (así llaman al caballo de un color gris), que a semejanza de la sierva de Lertorio, le revelaba las cosas más ocultas, y le daba los más saludables consejos; tenía escuadrones de hombres, que cuando los ordenaba se convertían en fieras, y otros mil absurdos de este género.  

Conversando un día con un paisano de la campaña, y queriendo disuadirlo de su error, me dijo:

 “Señor, piense usted lo que quiera, pero la experiencia de
 años nos enseña que el señor Quiroga es invencible en la 
guerra, en el juego, y bajando la voz, añadió, en el amor. 
Así es que, no hay ejemplar de batalla que no haya 
ganado; partida de juego, que haya perdido; y volviendo 
a bajar la voz, ni mujer que haya solicitado, 
a quien no haya vencido”. 

Como era consiguiente, me eché a reír con muy buenas ganas; pero el paisano ni perdió su seriedad, ni cedió un punto de su creencia.

 ......Quiroga traía entre sus tropas cuatrocientos capiangos, lo que no podía menos que hacer temblar a aquellos. 

Los capiangos, según él, o según lo entendían los milicianos, eran unos hombres que tenían la sobre-humana facultad de convertirse, cuando lo querían, en ferocísimos tigres, “y ya ve usted”, añadía el candoroso comandante, “que cuatrocientas fieras lanzadas de noche a un campamento, acabarán con él irremediablemente”.

Un día estando comiendo, algunos oficiales tocaron el punto de la pretendida inteligencia de Quiroga con seres sobre-humanos, que le revelaban las cosas 
secretas, y vaticinaban el futuro. 

 Rodando la conversación, en que yo también tomé parte, vino a caer en el célebre caballo moro, confidente, consejero, y adivino de dicho General. Entonces fue general la carcajada y la mofa, en términos, que picó a Güemes Campero, que ya no pudo continuar con su estudiada reserva; se revistió, pues, de toda la formalidad de que era capaz, y tomando el tono más solemne, dijo:

 “Señores, digan ustedes lo que quieran, rían cuanto 
se les antoje, pero lo que yo puedo asegurar, es que el 
CABALLO MORO se indispuso terriblemente con su amo,
el día de la acción de la Tablada, porque no siguió el consejo 
que le dio, de evitar la batalla ese día; y en prueba de ello, 
soy testigo ocular, que habiendo querido poco después 
del combate, mudar caballo y montarlo [el general Quiroga 
no cabalgó el moro en esa batalla), no permitió que 
lo enfrenasen por más esfuerzos que se hicieron, siendo 
yo mismo uno de los que procuré hacerlo, y todo esto, 
era para manifestar su irritación por el desprecio que 
el General hizo de sus avisos”. 


  A tanto sin duda hubiera llegado su poder, poder ya fundado con el terror, cimentado sobre la ignorancia crasa de las masas, y robustecido con la superstición, una o dos victorias más, y ese poder era omnipotente, irresistible....y sigue ......... 
Se dice que sus últimas palabras fueron ¿ Quién manda a esta partida ?
y la respuesta fueron disparos y lanceadas que terminaron con su vida un 
16 de febrero de 1835. 



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