viernes, 12 de febrero de 2016

LA CASA y LOS LEONES

El barrio de Barracas está lleno de mitos y leyendas y no es casual que
sea así. Allí convivieron durante muchos años gente de los más variados
linajes y clases sociales. La cercanía con el Puerto de Buenos Aires
hizo que fuera la zona elegida para asentamientos de familias
enteras de inmigrantes. Quien recorre hoy estas queridas calles
puede imaginar paseando por la Plaza Colombia, o por el Parque
Lezama otros tiempos, otros escenarios y hasta otras melodías.

La Avenida Montes de Oca guarda esos vestigios del pasado,
la ex Casa Cuna, la Casa de los Leones y su proximidad
con la Iglesia de Santa Felicitas o la torre del fantasma 
de La Boca son algunos de los lugares emblemáticos
de Barracas que están inmersos en ese halo de misterio y
fascinación de pasiones humanas en conflicto.


Esta propiedad hoy ubicada sobre la Av. Montes de Oca
perteneció a Eustoquio Diaz Velez, uno de los hombres más
ricos de la sociedad de ese entonces. Dueño de esta y otras
tierras, fue nombrado en dos oportunidades presidente del
Club del Progreso, dándole un enorme impulso económico a la zona.

El mito urbano alude a la posesión de leones (aunque no se sabe
si era así) y a una supuesta noche de celebración de la boda de
una de sus hijas (se sabe que tuvo dos hijos varones).
En esa noche un león escaparía de su jaula y hiere de muerte
a su futuro yerno, como consecuencia la hija se suicida y él
se recluye en la casa hasta el final de sus días.
Hasta ahí el mito, pero ¿ qué hay de cierto ?


Según algunos relatos que llegan de descendientes de familias
del lugar, si hubo felinos salvajes, aunque no se confirma si
se trata de leones africanos. Algunos le agregan a esta
historia la compra de unos jaulones en los que los animales
que deambulaban durante el día serían llevados durante
la noche por algunos hombres que trabajaban en la casa.
Y ahí la historia toma otro giro.


Según se puede apreciar una escultura recuerda otro
hecho trágico y hasta donde yo sé ninguna obra y menos de
esta temática estará inspirada en el azar o la fantasía.

En ella se ve claramente como un hombre presuntamente
de raza negra o tal vez mulato joven es brutalmente
atacado por un felino salvaje.

Este sería un hecho trágico y anónimo porque nadie
recuerda el nombre del hijo del cuidador que sucumbió
ante las garras del animal. Pero ahí está la escultura
clamando alguna memoria por alguien que anónimamente
perdió su vida en este intento de encerrar al presunto león.
Los felinos son impredecibles y en una noche sorprendió al
joven arrebatándole su vida. Hay quienes dicen que su padre
mató al felino y que su piel fue la alfombra sobre la cual
reposaba el piano de la casa. Otros agregan que tras la 
muerte del hombre, otros animales, entre ellos un oso fueron
vendidos o entregados a otros dueños.

¿ Será ?

Vecinos del lugar aseguran que el olor penetrante a
orines se siente en algunas noches húmedas, otros
agregan al relato rugidos y alaridos de dolor
y desesperación que evocan esta escena.


No hay comentarios:

Publicar un comentario