martes, 2 de mayo de 2017

Crear la propia realidad es posible

Muchos teóricos, místicos o escépticos sostienen y llevan a extremos 
para mi exagerados esta famosa teoría, en la que nosotros creamos 
nuestra propia realidad. Y digo exagerados porque de esta 
manera explican las guerras, los gobiernos, los tsunamis y
todo tipo de sucesos que están más allá de nuestra comprensión.

La cosa es que hay personas que si son capaces por genio,
locura, amor o impunidad de crear su propio mundo a 
como dé lugar. Este es un caso.


El de Florence Jenkins Foster quien trascendió
como la peor cantante lírica de la historia, pero nadie
le quitará de tesón, optimismo, coraje y ambición 
lo que le faltó de entonación y talento musical.

La historia de Florence fue material de incontables
obras de teatro y de al menos dos películas, una
protagonizada por Meryl Strepp que es más fidedigna


y otra del cine francés que para mi gusto es sencillamente
 genial, ingeniosa y sutil basada en una versión libre de
la misma Florence. Esta es Marguerite la Baronesa Dumont
protagonizada por Catherine Frot.


Ambas dos se tratan de esta mujer que a costa de los
oídos de quien sea cantaba interpretando las obras
líricas clásicas desastrosamente. Por las bondades
de youtube se conservan todavía grabaciones
que la misma Florence financió y una cinta 
de un recital que muestra a Florence cantando
y a la reacción del público que pagaba por ir
a escucharla.


Y es que de verdad y transgrediendo los mandatos
de su rico padre -banquero y político- que le prohibió
cantar y luego su marido, ella logró hacer realidad su
sueño y fue famosa, aclamada por el público que
ahogaba las risas en Bravos !!!!! y una vocación
de parte de ella por promover a través de su
club a su gran amor "La Música".

En este club selecto al principio ella reunía a una 
pequeña audiencia y daba sus recitales


De los cuales por supuesto cada sufrido oyente sacaría
algún provecho, pero parece ser que al morir primero
su padre y despues su madre ella quiso expandirse
y dar recitales para un público más amplio.

Dicen que ella misma diseñaba su vestuario con
plumas, abanicos y algunas excentricidades y que
tanto el vestuario, como su voz y la cara de
desconcierto del pianista hacian estallar a la
audiencia en carcajadas.
Pero la gente pagaba por escucharla cantar
a punto tal que ella debió limitar sus actuaciones
seleccionando al público con un cuestionario creado
por ella misma. 


La cosa es que Florence tuvo fama, éxito y llenó los
grandes escenarios como el del Carnegie Hall, en esta
presentación se registraron incidentes por las 2000 
personas que quedaron sin ver el espectáculo.

¿ Se habría dado cuenta ella de lo que su voz
provocaba en el público ?
¿ Le importaría ?

En una versión de la historia su muerte a la
edad de 76 años en 1944 se atribuye a viejos problemas
de salud o a la reacción emocional frente a una crítica
implacable. La primera teoría es la más apoyada, parece
ser que Florence se fue de este mundo con el mismo
candor y la inocencia con la que disfrutaba dar
sus inolvidables recitales.

Florence, sin duda supo como crear su
propia realidad.

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