martes, 28 de marzo de 2017

Malditos Palos II

Este capítulo tan triste para la historia de Brasil pasó a la historia como
el Maracanazo, en esos segundos miles de brasileños que hasta
ese momento alentaban a su equipo enmudecieron.

Los 100 uruguayos que pudieron costearse el pasaje y
presenciar el partido apenas pudieron gritar el gol.
Los jugadores quedaron desconcertados y el tiempo
se detuvo para siempre en ese instante para los
protagonistas.

El impacto fue tan grande que hubo suicidios,
destrozos y una condena social vitalicia para
los pobres jugadores brasileños.

Con muy mal gusto este suceso se recordó en una
publicidad deportivo evocando aquel fantasma
del Maracaná que todavía deambula llorando
por su derrota.


El equipo uruguayo escuchó el silencio y el llanto
del estadio, la gente empezó a retirarse. En medio
de un improvisado discurso que no estaba preparado
recibieron la copa y fueron escoltados hasta los
vestuarios, pero volvieron vencedores a su país
como héroes. Otra suerte distinta corrieron los
brasileños, la hinchada no entiende razones cuando
pierde. Entre los más castigados estaba el arquero
Barboza, que fue condenado como el gran culpable.

El solía decir que en Brasil la condena más grave
dura 30 años, pero la de él duró toda la vida.
Señalado, evitado, injuriado recordaba como
una mujer mostraba a su hijo al hombre que
hizo llorar a todo Brasil.

 
Luego de lesionarse su vida profesional en el fútbol
fue azarosa, pero logró un cargo de mantenimiento
en el Maracaná. Durante las tardes repasaba una
y otra vez ese maldito gol que le cambió la vida.

Cuando remodelaron el estadio décadas después
pidió los palos de ese arco para quemarlos con
la ilusión de conjurar la maldición.

Pero no pudo. En el año 2000 dejó este mundo
pobre y triste con unos pocos allegados
que le tomaron cariño y el respeto que
siempre mereció.



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