viernes, 5 de junio de 2015

PODER DECIR ADIOS, ES CRECER II

Crecer es un permanente fin de un ciclo necesario para nuevos aprendizajes
o asimilación de situaciones nuevas con su carga emocional, cualquier cambio
 vital es de por si generador de stress. Si nos mudamos por ej. a un barrio 
en donde el vecindario es más tranquilo, la casa es más grande y tenemos 
 en cercanía a Escuelas, Universidades, Hospitales, Comercios  y medios
 de accesos,  habrá que acostumbrarse a la nuevas calles, a los nuevos
 vecinos, a las costumbres del lugar y a ser los "nuevos" en el barrio, etc. 

 Somos afortunados si pudimos elegir las condiciones, distinto es
cuando estas elecciones son forzadas por una separación o por un
cambio de economía. Hay variables también en cuanto a las 
edades, se supone que los chicos tienen más plasticidad para 
adaptarse, pero los adultos estamos un poco desacostumbrados
y seguramente padeceremos el cambio un tiempo más. 

También otra suerte de variables definirá las emociones....

¿ Porqué nos mudamos?


¿ Porque en esta vivienda estaremos mejor y lo hemos elegido?

¿ Porque no podíamos costear otra vivienda?
¿ Porque hubo una separación o una muerte?
En estos casos se impone el PODER DECIR ADIOS, por 
la circunstancia que sea y permitirnos la emoción.

Jamás negarla, asumir que algo de nosotros se quedó en esas calles o
con aquella persona que se fue, pero viviendo el AQUI y AHORA, este
AQUI y AHORA que repetimos es lo más escurridizo, es difícil tomar
conciencia de este tiempo presente. Porque mientras el camión de la 
mudanza avanza miramos las calles que se fueron, vemos otras que
 vendrán y entramos en un lugar en donde otra historia será escrita.

Una nueva historia necesita de un cuaderno nuevo, exclusivo
en blanco, en él también con un lápiz preferentemente,
haremos un registro diario -no tiene que ser lógico- pero si
registrar todo ese torbellino que acuda con cada plantita,
mueble, ropa o plato que acomodemos. Todo evocará algo.
 Así que también vamos a seleccionar qué conservamos
en esta Nueva Vida y que debemos deshechar.

Si hay fotos que resulten dolorosas, guardémosla en un lugar
hasta que podamos volver a verlas. Un día serán útiles. 

Si al final del día nos invade una gran necesidad de 
llorar, hagámoslo, dejemos ir con esas lágrimas todo
el dolor de una despedida, al día siguiente....
despertaremos más tranquilas, mas serenas con
la mente más clara. También nos valeremos de ese
recurso de escribir para no olvidar algunas cosas y
para saber por dónde empezar esta nueva vida.

Frente al Duelo lo mejor es afrontarlo, de lo contrario lo 
llevaremos a cuestas toda la vida, aquellos que no pueden ir a 
despedir a un amigo a la estación, los que no pueden ir a un funeral
los que prefieren dejar un mensaje antes que dar un abrazo tienen
una gran dificultad para enfrentar una posible pérdida. Serán
vistos como egoístas o soberbios, pero son más vulnerables y
algo inmaduros, no pueden decir Adiós, no crecen. 

En cambio si aceptamos las rosas y las espinas de
aquello nuevo que hoy tenemos por aquello que
no dejaremos del todo porque es parte de la historia.
Podremos decir algún día:

Del mismo dolor vendrá un Nuevo Amanecer

Y a seguir avanzando, porque estamos en este 
permanente tránsito, acuérdese la semilla estaba
destinada a ser árbol y ser árbol implica morir,
renovar ramas, flores, hojas y frutos y reverdecer. 





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