viernes, 5 de junio de 2015

HELEN KELLER, una LUZ de ESPERANZA I

La historia de Helen Keller me sigue pareciendo una de las más inspiradoras 
y un paradigma de autosuperación,  siempre estrechamente vinculada a la
vida abnegada de Ann Sullivan, su inseparable compañera y tutora. 

Helen Adams Keller nació en Alabama en junio de 1880 en el seno de una
familia de status social de Nueva Inglaterra, su padre era el Capitán Arthur
 Keller del ejército confederado y su madre Kate Adams, Helen vivía en
una hermosa casa a la que llamaron “Ivy Green” rodeada de una zona
fértil, con árboles y flores. En ese contexto Helen vive un primer tiempo
siendo una niña vivaz y sana, a los seis meses comienza a vocalizar
y ya al año caminaba sin ayuda.
Siempre daba muestras de interés y jugaba con entusiasmo, su carácter
era alegre y curioso, pero cuando tenía 18 meses padece de una fiebre
alta que hoy llamaríamos escarlatina o meningitis y sus secuelas,
cambiarían su vida para siempre. Pierde la audición y la vista.
Todo ese mundo conocido se vuelve oscuro y silencioso.

A partir de ese momento tal como fue recreada en la película 
"El milagro de Anna Sullivan" Helen transita su infancia como
una niña salvaje y consentida. Frustrada por no poder comunicarse
su temperamento se vuelve rebelde, violento y nadie en la familia le
pone límites a sus ataques de ira, que llega al extremo de voltear la
cuna de su hermana recién nacida, sin que la familia reaccione. 

El milagro de Anna Sullivan

Es sabido que la tristeza y la ira se bañan en la misma fuente,
quedar aislada en un mundo oscuro y silencioso debe haber sido
una experiencia muy frustrante y su única forma de expresarlo era
con chillidos, golpes, rasguños y unos 60 gestos rudimentarios con
los que se hacía entender cuando tenía hambre u otra necesidad. 

Ella permanecía con la familia sin poder comunicarse con ellos,
podía aferrarse a la pollera de su madre y seguirla o sentarse
en las rodillas de su padre, o molestar a su hermano, pero no 
podía expresar qué sentía, no podía nombrarlos, no podía ver
sus caras, la familia en extremo tolerante permitía que coma con
las manos sus alimentos y lo de los demás, que chille o rompa
cosas, agrediendo a quienes trabajaban en la casa o a su familia.

HELEN pese a todo llegó a crear mediante gestos, posturas y
señas 60 signos de un lenguaje en el que intentaba comunicarse
con su familia. Su temperamento ya demostraba que no se 
rendía tan fácilmente, pero había que encauzar esa potencialidad
y nadie hacía ese trabajo hasta que Ann Sullivan una maestra
que entendía desde su discapacidad visual esa frustración llega
a la vida de Helen, para llevar la Luz a ese mundo de tinieblas.
Ann con su infinita paciencia y la experiencia de una vida muy difícil
es recibida con patadas y arañazos, pero al observar la tolerancia de
su familia, pide aislarse con Helen en una cabañita al fondo del
jardín. Ahí iniciaría sin descanso una tarea de amor y abnegación
que devuelve a Helen la dignidad de su condición humana. 





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