domingo, 17 de mayo de 2015

EL EXTRAÑO CASO DE PHINEAS GAGE II

Después del primer encuentro con el Dr. Edward H. Williams, Phineas
 es atendido por el Dr. John Martyn Harlow, pese a la precariedad de  
  la Medicina de ese entonces, el médico se dedicó especialmente al
paciente con esmero. Detuvo la hemorragia, limpió la herida de
las astillas óseas y le facilitó el drenaje de sangre y otros fluídos.
Durante los dos meses que duró su recuperación el paciente 
 tuvo episodios febriles y algunos delirios, pero sobrevivió.


Aún hoy se consideraría el caso como un Milagro. 


Sin embargo Phineas jamás volvería a ser el mismo, perdió el 
ojo obviamente, pero las secuelas fueron leves, todas sus 
funciones motoras estaban intactas. Lo que había cambiado en
 él era algo mucho más profundo.  

LOS LOBULOS FRONTALES Y LA CONDUCTA

Phineas fue un héroe involuntario y gracias a el y a su médico,
sabemos el valor de los LOBULOS FRONTALES.  
El mismo Dr. Harlow lo describía así:

"...el equilibrio entre su facultad intelectual y sus propensiones
animales se había destruído...tras pasar la fase aguda, Gage
se volvió irregular, irreverente, blasfemo e impaciente. 
A veces era obstinado, cuando le llevaban la contraria, pero
pese a que continuamente estaba pensando en planes futuros
los abandonaba mucho antes de prepararlos y era muy bueno
a la hora de encontrar siempre algo que no le convenía..."


Phineas no se relacionaba con la gente de la misma manera, 
no aceptaba la autoridad, pero se despertaron en él otras 
motivaciones. Viajó por toda Nueva Inglaterra exhibiendo sus
heridas en una feria y se asoció al Museo de Barnum en New
York. Trabajó en un establo un tiempo, pero la fiebre del oro
  lo hace viajar hasta CHILE, ahí vive durante 7 años donde
 trabaja como conductor de un coche tirado por 4 o 6 caballos.


Gage, no era Gage, decían quienes lo conocieron. 
Fue un hombre más temerario, más impulsivo y aventurero,
 aparentemente sin frenos ni para el sexo ni para el alcohol.
Se arriesgó a viajar a un país de habla hispana, así que se puede 
suponer que habría aprendido el idioma. Conducir un carro también 
requiere de habilidad, destreza y coordinación. En junio de
1859 vuelve con su familia a San Francisco, en febrero de 
1860 comienza a sufrir una serie de convulsiones que
aparentemente acaban con su vida en mayo de 1860.
Su cráneo se exhibe en el Museo de la Universidad
de Harvard y sigue siendo material de estudio.


Hay un video que reconstruye el trágico accidente
en 3 D. 


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